La historia de este filme está
centrada en tres indiferentes hermanos: Francis, Peter y Jack. Después de un
año de no verse tras el funeral de su padre, Francis decide que es oportuno
reunirse, reafirmar los lazos familiares y emprender un viaje en tren a la
India para que todos reconecten con su espiritualidad.
El estilo del director,
Wes Anderson, se refleja en la ironía y el humor negro constante, empezando por
las historias individuales: Francis es un suicida adinerado y controlador que ha fallado en su intento de abandonar este mundo y
queda mal herido del rostro, pero con una nueva perspectiva de la vida; Peter por su parte, espera un hijo de la esposa de la cual
pensaba divorciarse, lo cual entra en conflicto con su espíritu liberal, Jack es un aventurero, impulsivo y mujeriego que está tratando de superar su extraña
y recién terminada relación (que pudimos apreciar en Hotel Chevalier).
En su travesía, los tres individuos se relacionan con el personal del tren, interactúan con los habitantes de los pueblos que visitan y tienen un fallido acercamiento con su madre. En suma, lo que parece ser una interesante aventura familiar se convierte en un hilarante y estrafalario caos que deja en cada uno una enseñanza acerca de sus hermanos, de la vida, de ellos mismos y sus prioridades.
En su travesía, los tres individuos se relacionan con el personal del tren, interactúan con los habitantes de los pueblos que visitan y tienen un fallido acercamiento con su madre. En suma, lo que parece ser una interesante aventura familiar se convierte en un hilarante y estrafalario caos que deja en cada uno una enseñanza acerca de sus hermanos, de la vida, de ellos mismos y sus prioridades.
Cinematográficamente se trata de
una película estilizada, con secuencias en slow
motion que apoyan la elocuencia de las escenas, una fotografía vívida y
colorida otorgada por los ricos escenarios en los que se desarrolla, una banda
sonora que proporciona un ritmo cautivador que apela a las emociones (diversión, tragedia, absurdo) en cada cuadro, elementos simbólicos clave para la
secuencia y la identificación de los personajes (el cinturón, las maletas, la serpiente…); además, cuenta con un
atractivo reparto que interpreta a personajes reales, absurdos, patéticos y
fascinantes.
Los elementos humorísticos no son como aquellos simplones de caída y pastelazo a los
que Hollywood nos ha acostumbrado, la comedia es liberada en momentos clave y
de manera inteligente, por ello, está dirigida a un público capaz de adaptarse
a la liosa pero divertida cadencia de este filme.
En general, puedo decir que Viaje
a Darjeeling es una obra inteligente,
extravagante y agridulce. Un viaje no convencional, nostálgico y extraordinariamente lúcido, a través de una India insólita que constituye la mejor comedia genuina (pero turbulenta) que Wes Anderson haya creado hasta ahora.
Fuentes:

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